CUANDO CRISTIANISMO ERA NUEVO

Una examen nueva a la iglesia evangélica actual en la luz de los primeros cristianos

Capítulo 15 Agustín

No hablo a la ligera cuando digo que Agustín, obispo de Hipona del cuarto siglo, fue el maestro cristiano más influyente de toda la historia... por lo menos, de la historia del cristianismo en el Occidente. A fin de cuentas, creo que él ha sido más influyente que los mismos apóstoles, ya que la iglesia del Occidente ha leído hasta las obras de los apóstoles a través de los ojos de él. En verdad, casi todo el mundo reconoce que Agustín es el padre de la teología occidental.

Agustín tenía inteligencia y capacidad muy sobresalientes. Antes de convertirse, fue profesor de la retórica persuasiva y del arte de escribir. Como obispo en la iglesia, utilizaba estas mismas habilidades. No había nadie en toda la iglesia occidental que pudiera resistir sus argumentaciones. Mientras él aún vivía, él se hizo casi la única autoridad del Occidente en todos los temas de doctrina y moralidad.

Es notable que Agustín razonara como habitante del Occidente. Los escritores cristianos anteriores razonaban como habitantes del Oriente. Nosotros podemos entender la lógica de Agustín mucho mejor que podemos entender la de los escritores anteriores.Desafortunadamente para nosotros, el Nuevo Testamento no fue escrito por hombres del Occidente, sino por hombres con una mentalidad oriental, influidos grandemente por la cultura griega. El mismo Agustín sabía muy poco griego. Esto es de suma importancia. No sólo el Nuevo Testamento fue escrito en griego, sino también casi todos los escritos cristianos anteriores. Esto tal vez nos ayude a entender por qué Agustín se apartó del cristianismo primitivo en tantas áreas, más que cualquier otro maestro cristiano de aquel tiempo. Y este gran maestro, con su mente aguda, se llevó consigo a la iglesia del Occidente. Lamentablemente, la apartó de sus fundamentos anteriores.

Hay una gran lista de doctrinas y prácticas iniciadas por Agustín, o si no iniciadas por él, autorizadas por él. A continuación doy una lista parcial de lo que él enseñó:
•?que María nació y vivió su vida entera sin pecado alguno1
•?que los niños no bautizados se condenan eternamente2
•?que el coito aun dentro del matrimonio es siempre un acto depravado3
•?que la guerra puede ser santa4
•?que no habrá un milenio literal5
•?que no hay perdón de pecados sino sólo dentro de la iglesia católica6
•?que algunas de las prácticas y enseñanzas de los apóstoles ya no se aplican a los cristianos porque los apóstoles vivieron en una época diferente7
•?que hay un fuego purgante para las almas de los justos a quienes les falta la purificación completa8
•?que los muertos pueden sacar provecho del sacrificio de la eucaristía9
•?que es justo que un estado cristiano persiga a los herejes10
De este último punto, Agustín escribió:
“Que sean todos llamados a la salvación. Que sean todos llamados de volver de la senda que conduce a la destrucción. Algunos, son llamados por los sermones de los predicadores católicos. Otros, por los edictos de los príncipes católicos. Unos, porque obedecen las advertencias de Dios. Otros, porque obedecen las leyes del emperador… El rey Nabucodonosor… convertido por un milagro de Dios, promulgó una ley justa y loable para apoyar la verdad: que quienquiera que hablara contra el Dios verdadero, el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, pereciera sin remedio, en unión con su familia...

“Si la iglesia verdadera es la iglesia que soporta la persecución, no la iglesia que la inflige [como dicen algunos], que hagan la pregunta al apóstol cuál iglesia representaba Sara cuando persiguió a su sierva. Porque [el apóstol] declara que la madre libre de todos nosotros, la Jerusalén celestial—la cual es la iglesia verdadera de Dios—fue representada por aquella mujer [Sara], quien persiguió cruelmente a su sierva. Con todo, si investigamos a fondo la historia, vemos que en realidad fue la sierva por su altivez que persiguió a Sara… [Sara] sencillamente le impuso la disciplina que merecía su altivez.

“Otra vez digo, si los hombres buenos y justos nunca persiguen a nadie, sino sólo son perseguidos, ¿de quién son las palabras a continuación escritas por el salmista? ‘Perseguí a mis enemigos, y los alcancé, y no volví hasta acabarlos’ [Salmo 18.27]. De esta manera, si deseamos declarar y reconocer la verdad, hay una persecución de parte de los injustos, la cual los impíos infligen a la iglesia de Cristo; y hay una persecución justa, la cual la iglesia inflige a los impíos. Pero [la iglesia los] persigue en el espíritu de amor; los otros, en el espíritu de ira.”11

Después de leer eso, usted probablemente puede entender muy bien porque se dice que Agustín es el padre de la iglesia católica romana. Pero tal vez usted se sorprenderá al darse cuenta de que él es también el padre de la Reforma protestante.

La primera ley de Newton en la teología

Sir Isaac Newton, ilustre físico inglés, observó que cuando hablamos de los objetos físicos, para cada acción hay una reacción igual de fuerte pero opuesta en dirección. Es triste decirlo, pero parece que la ley de Newton se aplica tanto a la teología como también a la física. Para cada hereje que se aleja de la doctrina verdadera en una dirección, hay un maestro “ortodoxo” que reacciona contra la herejía, yendo al extremo contrario, pero igual de lejos de la verdad. Lamentablemente, el maestro “ortodoxo” casi siempre lleva a la iglesia entera al extremo que él sigue. Resulta que el hereje sí cambia la posición de la iglesia, pero en la dirección contraria de lo que había deseado.

Un ejemplo notable de eso lo vemos en el desacuerdo que surgió entre Agustín y Pelagio, un monje de Bretaña. Hacia el año 400 d. de J.C. la iglesia se había convertido en un grupo de personas que se reunían cada domingo y podían citar de memoria ciertos credos y fórmulas doctrinales. Pero en la gran mayoría de las personas no había nada de contacto personal con Dios. La iglesia tenía la anemia espiritual. Oponiéndose a esta negligencia espiritual, Pelagio viajó de un extremo de la iglesia al otro, predicando con vigor el mensaje del arrepentimiento y la santidad. Pero para destacar la responsabilidad de cada persona ante el Dios santo, empezó a predicar que los hombres podemos teóricamente vivir toda la vida sin pecado. De esta manera podríamos salvarnos a nosotros mismos, sin la necesidad de depender de la gracia de Dios y la sangre de Jesucristo. El tenía argumentos como los que siguen:

Todos somos capaces de obedecer casi cualquier mandamiento de Dios por lo menos por un día. Por ejemplo, todos podemos evitar la mentira, la codicia, el hurto, o el tomar el nombre de Dios en vano por lo menos por un día. Si somos capaces de obedecer estos mandamientos por un día, podemos obedecerlos por dos días. Si podemos obedecerlos por dos días, podemos obedecerlos por una semana, y sucesivamente. Razonando así, Pelagio concluyó que bien podemos obedecer todos los mandamientos de Dios todos los días por toda la vida. Por tanto, nosotros solos somos responsables por nuestros pecados. No podemos echar la culpa por nuestras desobediencias sobre Adán, ni sobre la debilidad que heredamos de él.12

Aunque tal argumento parece lógico, es erróneo. Lo que puede hacerse por un tiempo breve a pequeña escala no siempre puede hacerse a través de mucho tiempo a grande escala. Por ejemplo, un hombre puede correr cinco kilómetros. Pero esto no quiere decir que pudiera correr quinientos kilómetros. Yo puedo escribir a máquina a setenta y cinco palabras por minuto por tres minutos sin hacer ningún error. De acuerdo a los argumentos de Pelagio, debería poder escribir a máquina a ese ritmo por tres días—lo cual no puedo hacer.

Pero al pensarlo bien, su enseñanza no estaba tan alejada de lo que enseñaban los primeros cristianos. Como hemos visto ya, ellos también creyeron que cada persona es responsable por sus propios pecados y que somos capaces de obedecer a Dios. Sin embargo, al mismo tiempo reconocieron que todos tenemos que depender de la gracia de Dios, tanto su gracia salvadora como también su gracia fortalecedora. Sin la gracia de Dios, no podemos ser salvos del pecado.

Lo que Agustín enseñó acerca de la salvación

Respondiendo a las enseñanzas de Pelagio, Agustín se fue al otro extremo y desarrolló las siguientes doctrinas:
1. Como resultado del pecado de Adán, los hombres somos depravados totalmente. Somos totalmente incapaces de hacer el bien o de salvarnos. Además, somos hasta incapaces de creer en Dios o de ejercer fe en él.
2. Por tanto, los humanos podemos creer en Dios o ejercer fe en Dios sólo si Dios por gracia nos da esa fe. No tenemos el libre albedrío de escoger o creer en Dios o no creer.
3. La decisión de Dios de salvar a una persona y de condenar a otra, de dar fe a una persona y de no darla a otra, es totalmente arbitraria. Esto es, depende sólo de sí mismo, no de nosotros. No podemos influir esa decisión de Dios.
4. Antes de la creación del mundo, Dios arbitrariamente predestinó quién sería salvo y quién sería condenado. (Digo: “predestinó”, no solamente tuvo esta presciencia.) No podemos hacer nada para cambiar lo que Dios ha predestinado, ni en esta vida ni en la venidera.
5. Los elegidos, aquellos que son predestinados para la salvación, no pueden perder su salvación de ninguna manera. Y aquellos que son predestinados para la condenación no pueden ser salvos jamás.
6. Nadie puede saber si él es elegido por Dios. Dios da a muchos el don de la fe. De esta manera creen, son bautizados, y andan conforme a los mandamientos de Jesús. No obstante, no todos los que reciben el don de la fe son predestinados para la salvación. No perseverarán. El don de perseverar es don independiente del don de la fe. No podemos saber quién de los que están en la iglesia ha recibido el don de perseverar.
7. La salvación depende exclusivamente de la gracia de Dios. La fe es don de Dios. La obediencia es don de Dios. El perseverar es don de Dios.13

Pelagio no podía combatir los argumentos poderosos de Agustín. Sus enseñanzas erróneas no duraron. Con todo, Agustín, reaccionando contra las enseñanzas de Pelagio, completamente deshizo las enseñanzas de los primeros cristianos en cuanto al libre albedrío del hombre y su responsabilidad de responder a la gracia de Dios para recibir la salvación. En su lugar, surgió una doctrina fría e inflexible de la predestinación arbitraria.