INTRODUCCIÓN

Estos tiempos son más peligrosos que los días agobiantes y sangrientos de los mártires.

Los tiempos en que vivimos son tristes. En verdad, hay más peligro ahora que en los tiempos de nuestros antepasados, quienes sufrieron la muerte por el testimonio del Señor. Pocos creerán esto, pues la gran mayoría tiene puesta la mirada sólo en las cosas externas y visibles. Y con respecto a ello, el tiempo actual es mejor porque es más tranquilo y cómodo. Muy pocos ven lo interno, lo que tiene que ver con el alma, de lo cual todo depende, “¿Pues de qué le aprovecha al hombre, si ganare el mundo entero y perdiera su alma? ¿O qué dará el hombre por su alma?” Mateo 16:26.

Estos tiempos son más peligrosos, pues en los días de los mártires, Satanás aparecía abiertamente por medio de sus siervos, como un león rugiente, incluso al mediodía. Así fue posible reconocerlo y esconderse de él. Además, su propósito principal era destruir el cuerpo. Pero ahora, él viene en la noche o en el ocaso, disfrazado de una extraña pero agradable apariencia, esperando destruir el alma…

En contraste, aquellos mártires, muchos de los cuales personas débiles y de edad avanzada, jóvenes y aún otros muchos de quienes ni siquiera se ha hecho mención, no estimados por el mundo, han hecho infinitamente más por medio del poder de su fe, su ardiente amor a Dios, y especialmente la constancia que mantuvieron hasta la muerte. Por eso fueron capaces de abandonar y aún despreciar toda cosa visible, sacarla completamente del pensamiento; y olvidar y dejar eternamente hasta la consumación de todas las cosas: dinero, propiedades, casas, negocios, hermanos, hermanas, padres, hijos, amigos y parientes queridos, y aún también sus propias vidas y cuerpos, y todo lo que le es placentero y deleitoso a la carne

Palabras dirigidas a los viejos y a los jóvenes:

En este tiempo los jóvenes y los viejos se hallan tan profundamente absortos y apegados a los asuntos terrenales que casi resulta imposible desprenderlos de allí. Es a causa del deseo inseparable que sienten por los bienes de este mundo. En este libro verás personas, quienes en la flor de su vida, pudieron haber ganado mucho, pero no lo buscaron, pues no querían perder el premio celestial. Estos tenían corazones contentos; se vestían con pieles de animales para protegerse del frío y la desnudez, vivían en cabañas o chozas sencillas para refugiarse de la lluvia, el viento, el granizo y la nieve; comían pan para saciar el hambre y bebían agua para apagar la sed. Más que eso no tenían.

Thielman Jans van Braght, julio de 1659

La invocación del autor

¡Perdóname, oh mi Señor y mi Dios! Que yo, que no soy sino polvo y ceniza, me acerque a Ti… tu siervo David, un hombre conforme a tu propio corazón, cantó: “Preciosa es a la vista del Señor la muerte de sus santos.” Salmos 116:15

Sin embargo, lo que realmente causó que mis lágrimas cayeran fue el recuerdo de los sufrimientos y la muerte de tus mártires, corderos indefensos, totalmente inocentes, llevados al agua, al fuego, a la espada y a las bestias salvajes en la arena. Allí para sufrir y morir por la causa de tu nombre. Pero experimenté gran gozo al contemplar la confianza viva que ellos tenían en tu gracia y cuán valientemente lucharon en su camino para entrar por la puerta estrecha.

¡Ah, cuán a menudo sentí deseos de haber participado con ellos! Mi alma fue con ellos a la prisión. Yo los animaba en el tribunal a soportar pacientemente, sin quejarse ni estremecerse, la sentencia de la muerte. Tuve la impresión de haber ido con ellos al lugar de la ejecución, al cadalso y a la estaca, diciéndoles en su última prueba: “Peleen valientemente, queridos hermanos y hermanas. La corona de la vida les espera.” Casi creí que había muerto con ellos. Cuán inseparablemente estuvo ligado mi amor a tus mártires por la causa de tu santo nombre.

Willem Jans, otro campeón de Cristo, fue quemado vivo en Ámsterdam en marzo de 1569, después de haberse esforzado para estar presente en la ejecución de su querido hermano Peter Beckjen, y animarlo con voz fuerte: “Pelea valientemente, querido hermano.”

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