CAPÍTULO 9 LOS MÁRTIRES DE 1551-56 d.C

Guillis y Elizabeth: un joven y una joven fieles hasta el final, 1551 d.C

El 21 de julio de 1551, dos piadosos cristianos: un hermano de nombre Guilis y una hermana llamada Elizabeth fueron sentenciadas como herejes de acuerdo a un decreto imperial en Ghent, Flandes. Se les entregó a la muerte a la una de la tarde: una hora no usual. Después que hubieron subido a la plataforma, ellos oraban a Dios. Allí, el verdugo desató el vestido de Elizabeth el cual calló cuando ella se puso de pie. Y en son de burla el verdugo le hizo poner pantalones blancos y sueltos. Avergonzada en esos momentos, inmediatamente caminó hacia la estaca y dijo: “Te agradezco, oh Señor, por ser digna de sufrir por tu nombre. Ahora estoy parada donde son probados los elegidos de Dios. Oh Señor, fortaléceme y no me dejes.”

Guilis entonces le dijo: “Querida hermana, ten paciencia en tu sufrimiento. Dios no te abandonará.” “Oh querido hermano, nunca me apartaré de Él,” dijo ella. Luego Guilis comenzó a llorar: “Oh Señor, perdona los pecados de quienes me llevan a la muerte. Pues como no te conocen, no saben lo que hacen.”

Finalmente, ambos levantaron su voz: “Oh Padre celestial, en tus manos encomendamos nuestro espíritu.” Y así tuvieron una muerte dichosa y agradable a Dios: por medio del fuego.

Gerónimo Segers y su esposa Lijsken Dirks y Big Henry, 1551

Estas tres personas cayeron a manos de los tiranos por el testimonio de Jesús en Antwerp, Brabant. Ellos sufrieron muchas torturas y detalladas examinaciones; pero por la gracia de Dios lo soportaron todo. Ya que nada pudo hacerlos apostatar, Gerónimo y Henry fueron llevados al matadero. Puestos en estacas, con gran firmeza entregaron sus cuerpos a Dios como un agradable sacrificio.

La esposa de Gerónimo Lijsken Dirks, a quien después de dar a luz (pues se hallaba embarazada) la metieron en un costal y entre las tres y cuatro de la mañana la arrojaron al río Scheldt. Dichos mártires ahora descansan debajo del altar.

Las siguientes cartas escritas por ellos dan testimonio de su fe fuerte, su firme esperanza y su ardiente amor a Dios y su verdad.

Una carta de Gerónimo Seger escrita en la prisión de Antwerp a su esposa de Lijsken, quien se hallaba en la misma prisión, 1551 d.C.

Siempre teme a Dios.

Me encuentro en esta prisión, entre paredes estrechas, por causa de Cristo. Te deseo gracia, paz, gozo, consuelo, una fe firme, seguridad y un ardiente amor a Dios mi querida esposa Lijsken Dirks. Contigo llegué al matrimonio delante de Dios y de su santa iglesia de acuerdo al mandamiento del Señor.

Sé muy bien, mi cordera escogida, que te encuentras en medio de gran aflicción por mí; pero deja de lado toda tristeza y mira a Jesús. Caminemos en toda justicia y santidad como hijos de paz. Usemos bien el tiempo de gracia considerando cuán gran misericordia nos ha mostrado el Señor. Oh mi querida esposa, recuerda cuán fielmente servimos a Dios. Él no será confusión para nosotros.

Cuando confesamos la verdad, nos separamos del mundo y renunciamos todos los deseos. Y esto no es todo. Debemos luchar también contra los enemigos: emperadores, potestades y el príncipe de este mundo. Debemos sufrir en este mundo, pues Pablo dijo que todo aquel que desea vivir piadosamente en Cristo, sufrirá persecución. Tenemos que ser mayores que el mundo, el pecado, la muerte y Satanás. Espero entrar pronto a la ciudad descrita por Juan, la cual está hermosamente adornada; sus fundamentos son doce piedras preciosas y sus paredes y calles son de oro puro.

Te informo que recibí tu carta por medio de mi madre. La leí con lágrimas. Me sentí consolado por tus palabras y me alegré oír de tu firmeza. Por otro lado, también me he presentado delante del gobernador. Con él estuvieron dos monjes dominicos, dos jueces y el escribano de la corte criminal. Sentimos una gran alegría por riquezas como éstas: nuestra, esperanza y amor. Éstas no nos abandonarían aun si ellos nos encerraran en prisiones oscuras, separados tú y yo.

He aquí, mi querida esposa, no ceses de servir al Señor tu Dios con todo tu corazón, y sigue sus pasos. ‘Pues lo que sufrimos en esta vida es cosa ligera que pronto pasa; pero nos trae como resultado una gloria eterna mucho más grande y abundante. Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve, ya que las cosas que se ven son pasajeras, pero las que no se ven son eternas. Nosotros somos como una tienda de campaña no permanente; pero sabemos que si esta tienda se destruye, Dios nos tiene preparada en el cielo una casa eterna, que no ha sida hecha por manos humanas. Por eso suspiramos mientras vivimos en esta casa actual, pues quisiéramos ya mudarnos a nuestra casa celestial.’ 2 Corintios 4:17-5:2

Por tanto, con diligencia pasa los días de tu peregrinación en este mundo con temor y temblor. Esto es vivir en obediencia a los mandamientos y leyes de Dios. No temamos al mundo ni temblemos delante de él. Pues Cristo dijo: ‘No teman a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; teman más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.’ Mateo 10:28.

Quienes por un breve tiempo han sido rechazados y despreciados, perseguidos y sometidos a una muerte humillante, dolorosa y vergonzosa por el testimonio de Jesucristo, triunfarán y vivirán por siempre con Dios. Nuestras lágrimas y tristezas se convertirán en alegrías.

Oh mi querida esposa, persevera fiel hasta la muerte. La corona no se halla al principio ni en medio de la carrera, sino al final. Antes que Dios limpie todas nuestras lágrimas, ellas tienen que ser derramadas primero. Antes que nos libre de nuestros sufrimientos, debemos sufrir en este mundo. Sí, tenemos que luchar contra leones feroces, dragones y osos. Sí, contra la malvada generación de víboras, contra los gobernadores que son como serpientes, contra la descendencia malvada de Caín.

Mi querida esposa y hermana, pelea con Pablo la buena batalla, párate firme contra las puertas del infierno para que puedas recibir la salvación de tu alma. Amén.

Una carta de Lijsken, la esposa de Gerónimo, escrita desde la prisión de Antwerp 1551 d.C.

Gracia y paz de Dios el Padre sea con nosotros.

Mi querido esposo en el Señor, al principio de mi encarcelamiento éste me parecía muy largo. Pues no estaba acostumbrada a la cárcel y lo único que escuchaba era tentaciones para apartarme del Señor. Ellos me decían: ‘¿Por qué te preocupas por las Escrituras? Ocúpate en coser tu vestido. Parece que tú no sigues a los apóstoles. ¿Qué señales muestras? Ellos hablaron en varias lenguas una vez que recibieron el Espíritu Santo. ¿Dónde están las lenguas que tú has recibido del Espíritu Santo?’ Pero para nosotros es suficiente haber creído por medio del evangelio de Juan lo que dijo Cristo en su intercesión por sus discípulos antes de ser entregado: ‘No te ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí al oír el mensaje de ellos’ Juan 17:20.

Gracias a Dios el Padre; pues Él nos ha dado tal amor, gozo, sabiduría y una mente firme por medio de Cristo y el poder del Espíritu Santo para prevalecer contra las bestias, dragones, serpientes y las puertas del infierno, los cuales utilizan gran sutileza para seducir, engañar y destruir nuestras almas.

El Espíritu Santo declara: ‘Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él.’ 2 Timoteo 2:11-12. ‘Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús sufrió en la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.’ Hebreos 12:2. Oh mis más querido en el Señor, confío en Dios el cual da su sabiduría sólo a los sencillos e inocentes y a los despreciados por este mundo, que Él nos animará hasta que nuestro viaje haya finalizado.

Por eso, mi más querido en el Señor, alégrate y mantente animado delante de Dios, pues Él nos ha escogido para ser encarcelados por largo tiempo a causa de su nombre, habiéndonos hallados dignos de él. Aunque los hijos de Israel estuvieron mucho tiempo en el desierto, habrían entrado a la tierra prometida, si hubiesen sido obedientes a la voz del Señor. De la misma manera también nosotros nos encontramos en el desierto entre bestias voraces, las cuales diariamente tienden sus redes para cazarnos. Pero el Señor no abandona a los suyos. Por tanto, perseveremos contentos en Él, pacientemente y con gozo tomemos nuestra cruz y esperemos con firme confianza lo que Él nos ha prometido. Amén.

La última carta de Gerónimo a su esposa, escrita en la noche que fue sentenciado, 1 de setiembre de 1551

La gracia y paz de Dios sean contigo para una consolación permanente, gozo y fuerza en tus cadenas y sufrimientos.

Mi más querida y amada, deseo al Cristo crucificado como un novio para ti, el cual te ha elegido para ser su hija, novio y reina. Ahora te encomiendo a este Rey: el Padre eterno y celoso amante y Dios. Él será tu consolador y novio. Puesto que Él me llamó y me toma a mí primero, ahora debo ser un ejemplo para que puedas seguirme tan valientemente como iré yo antes que tú. Porque el Señor nos hizo dignos de sufrir por su nombre.

Oh mi querida corderita, sigue fielmente los pasos de tu novio, no temas las amenazas del mundo ni te atemorices frente a sus torturas; pues ellos no pueden herir un pelo de tu cabeza sin la voluntad del Padre que está en los cielos. Sigue fielmente la enseñanza de Cristo, pues sus ovejas oyen su voz y lo siguen; pero no oyen la voz de los extraños. Pelea valientemente para la gloria del Señor así como Él peleo por la salvación de nuestras almas. Cristo dijo: ‘Dichosos los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.’ Mateo 5:11. El Señor dijo también cuando ellos nos lleven delante de señores y príncipes y nos torturan y matan, pensarán que así rinden servicio a Dios. Por lo tanto, confía sólo en Cristo: Él no te abandonará.

Yo no espero ver tu rostro otra vez, pero sí espero verte debajo del altar de Cristo. Mi querida esposa, la hora de mi partida ya ha llegado. Ahora me dirijo con gran alegría y gozo a nuestro Padre celestial, y te pido que no te entristezcas por esto. Solamente siento tristeza porque te dejo en medio de estos lobos; pero estoy seguro que el Señor te guardará hasta el fin. Se valiente en el Señor.

Cómo Lijsken Dirks, la esposa de Gerónimo, confesó valientemente los fundamentos de su fe delante de las autoridades y de todo el pueblo; y cómo fue puesta en un costal y arrojada en una noche al río Scheldt.

Lijsken, nuestra hermana, quien estuvo en cadenas por un largo tiempo, habló con claridad en la corte delante de las autoridades y del pueblo común. Ella rechazaba el bautismo de infantes como algo instituido por los hombres y les hablaba a los jueces sobre el juicio de Dios. Después de lo cual, los señores ordenaron a los guardias, diciendo: “Sáquenla de la corte.”

Ella regresó a la prisión diciendo que muchas almas fueron asesinadas por ellos. Muchas personas corrieron a ella para verla. Lijsken hablaba con audacia y valentía a la gente y luego se puso a cantar un bello himno. Dos monjes vinieron para atemorizarla, pero ella rehusaba completamente escucharlos. Y la oían asombrada desde la calle. Entonces, ella dijo a la gente desde la ventana de su cuarto: “Los borrachos, adúlteros y las prostitutas son tolerados; pero los que viven y caminan de acuerdo a la voluntad de Dios son oprimidos, perseguidos y llevados a la muerte.” Luego comenzó a cantar: “Todos escuchen. ¡Qué pobres ovejas somos!...” Romanos 8:36. Antes que hubo terminado de cantar, las autoridades llegaron y la sacaron de la ventana; y ya nadie la volvió a ver.

Muy temprano en la mañana, el pueblo volvió para ver a Lijsken; pero los verdugos ya la habían ejecutado entre las tres y cuatro de la mañana. Éstos la habían metido en un costal y arrojado al río Scheldt. Por consiguiente, el pueblo, enojado, decía: “Los asesinos y delincuentes son presentados públicamente delante de todos.” Algunas personas reflexivas decían: “La razón es que ellos obedecen los mandamientos de Dios más que los de los emperadores y hombres. Pues ellos se han vuelto a Dios, de la mentira a la verdad, de la oscuridad a la luz, de la injusticia a la justicia; han corregido sus vidas y han sido bautizados de acuerdo al mandamiento de Cristo y la práctica de los apóstoles.” También dijeron que los justos siempre habían sufrido, desde el tiempo de Abel hasta ahora; e incluso Cristo también tuvo que sufrir y así entrar a la gloria de su Padre, dejándonos ejemplo para seguir sus pasos. Pues todos los que vivimos piadosamente en Cristo, sufriremos persecución.

María de Monjou 1552 d.C.



María de Monjou, aún momentos antes de ser ahogada los monjes la seducían a abandonar la verdad que ellos llamaban herejía, 1552 d.C.


Según el testimonio de las Escrituras, todos los que desde el principio del mundo han sido justos y han vivido piadosamente en Cristo, han tenido que sufrir. María, una mujer piadosa y temerosa de Dios, tomó parte de dicho sufrimiento. Pues habiéndose ella bautizado según la enseñanza del Nuevo Testamento y conducido de manera ejemplar entre los hermanos y todo el pueblo, el funcionario de la ciudad de Monjou la encarceló: ella permaneció en confinamiento por más de un año. Y aunque tuvo que sufrir mucho, lo soportó con gozo. Constantemente animaba a los hombres piadosos a caminar en amor y guardar firme el pacto de Cristo. Ella se esforzó para presentar su cuerpo como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

Las autoridades ordenaron torturarla por tres días consecutivos, mas no pudieron inducirla a abandonar el anabaptismo; porque ninguno que teme a Dios de corazón puede ser confundido. Por fin, la condenaron a morir ahogada. Y María deseaba dar su vida por la causa de Cristo.

En su camino al lugar donde iban a ahogarla, ella cantaba con un corazón alegre porque aquel día había llegado; pues ella había vivido para ver esa hora. Y de esta manera procedió en las manos de Pilato como lo hicieron con Cristo: cual oveja llevada al matadero. Las Escrituras también lo testifican: “Ellos los matarán a ustedes, y pensarán que así rinden servicio a Dios.” Juan 16:2.

En el camino, María dijo: “Una vez fui la novia de un hombre; pero hoy espero ser la novia de Cristo y heredar su reino con Él.” Ya acercándose al agua, unos de los hipócritas le decía: “María, arrepiéntete o no te irá bien.” Ya en el agua, los verdugos retrasaron su muerte por más de dos horas, creyendo que podrían inducirla a apostatar y abandonar la verdad. Luego, ella les dijo: “Yo me adhiero a Dios. Hagan lo que tiene que hacer. El trigo debe ser trillado entre la paja. Porque la palabra de Dios tiene que cumplirse.” Después de tales palabras, se encomendó al Padre celestial y la ahogaron. De este modo fue entregada a la muerte.

Simón, el vendedor de telas: un desafío al poder de la Iglesia del Estado, 1553 d.C.

En el pueblo de Bergen, Holanda, un vendedor de telas llamado Simón, vendía sus mercancías en un toldo en la plaza del mercado. Cierto día, los sacerdotes pasaron en procesión 18 con su ídolo cerca de su mostrador. Simón se negó con desprecio a honrar a este ídolo hecho por manos humanas; pues él sólo serviría y adoraría al Señor su Dios. Por tanto, fue arrestado por los preservadores de la roma anticristiana. Al ser interrogado, libremente confesó su rechazo al bautismo de infantes inventado por ellos mismos juntamente con todos los mandamientos humanos, sosteniéndose solamente con el testimonio de la palabra de Dios De allí, los enemigos de la verdad lo sentenciaron a morir en la hoguera. Muchas personas se asombraron al contemplar la grande firmeza y valentía de este testigo de Dios, el cual obtuvo la corona de la vida eterna.

Simón rechazó la adoración pagana de los católicos, al rehusar arrodillarse mientras pasaba la procesión. Sus vecinos le piden que se arrodille, 1553 d.C


David y Levina 1554

En el año1554, un hermano joven llamado David fue encarcelado en Ghent, Flandes, a causa de seguir a Cristo y vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios. Cuando fue examinado, le preguntaron qué pensaba él del sacramento (la hostia). Él les respondió que todo ello era idolatría. Entonces un sacerdote le dijo: “Te costará la vida si no cambias de mentalidad a tiempo.” A esto respondió David suavemente: “Estoy listo para derramar mi sangre por el nombre de Cristo; pues Dios es mi salvación. Él me guardará de todo el mal.” Entonces el sacerdote le respondió: “Serás quemado públicamente en la estaca para una vergüenza eterna.”

Luego, David se presentó a la corte donde fue condenado a muerte y su sentencia fue leída. Fue considerado como alguien que había caído de la verdadera fe a la herejía; y por tanto, según el edicto imperial, sería estrangulado y quemado.

También fue sentenciada con él una mujer de nombre Levina, quien prefirió abandonar no sólo a sus seis queridos hijos, sino también su propia vida terrenal en lugar de abandonar a su querido Señor y Novio Jesucristo.

El verdugo tomando el trinche para clavarlo en el vientre de David aún después de haber sido quemado en el fuego.


Al llegar al lugar de la ejecución, David intentó arrodillarse para dirigirse a Dios en oración, pero se le impidió; e inmediatamente se les condujo a ambos a las estacas. Parados en ellas, David se dirigió a Levina: “Gózate, querida hermana, porque lo que sufrimos aquí no se compara con los bienes eternos que nos esperan.” Romanos 8:18. Una pequeña bolsa que contenía pólvora fue atada a cada uno de ellos. Cuando ya estaban completamente quemados, la gente vio que David movía su cabeza. En aquel momento el verdugo tomó un trinche y lo clavó tres veces en su vientre. Pero aun después de esto él seguía moviéndose. Entonces, el verdugo ató una cadena alrededor del cuello de David y la apretó a la estaca hasta romper su cuello.

De este modo, estos dos valientes lucharon en el camino hacia la vida.

Agustín, el panadero, 1556 d.C.



La captura de Agustín el panadero mientras se encontraba trabajando, 1556 d.C


En la ciudad de Beverwijk, un panadero llamado Agustín despreció el mundo y se bautizó de acuerdo a la ordenanza de Cristo, lo cual no podían soportar los papistas. En este tiempo hubo cierto burgomaestre lleno de amargura y celo perverso. A veces decía que él proporcionaría la madera y la turba para quemar a Agustín. Pero el funcionario, encargado de los acusados, había declarado que no arrestaría a Agustín sin previamente advertirlo; pero no guardó su palabra. Pues él mismo sorprendió a Agustín en su trabajo mientras éste amasaba; y aunque intentó huir, fue atrapado rápidamente por sus perseguidores y lo metieron en la cárcel.

Puesto que Agustín era muy querido, la esposa del magistrado, muy entristecida, le dijo a su esposo: “Oh asesino, ¡qué has hecho!” Pero todo en vano, él siguió a Jesús su Señor cual cordero llevado al matadero. Las autoridades dictaron una sentencia cruel sobre él: ser atado a una estaca y ser arrojado al fuego para ser quemado.

Tres mujeres quemadas en la hoguera 1556 d.C.

Tres mujeres fueron arrestadas en Belles, Flandes, por causa del testimonio de la verdad. Sufrieron mucha tribulación y tormento. Cuando los verdugos quisieron desnudar a la mujer de mayor edad para torturarla, ella les dijo a los señores presentes: “Recuerden que ustedes nacieron de una mujer. Les pido que no me avergüencen.” Por esta razón le permitieron permanecer con sus vestidos sobre el potro de tormento.

La segunda, una joven doncella, soportó espantosos sufrimientos. Pero todo en vano: no lograron que ella abandonara la verdad. Porque ella prefirió el gozo eterno y sufrir el dolor temporal que buscar el placer efímero y sufrir eternamente.

La tercera, una señorita también, yacía desnuda sobre el potro; y puesto que no podían lograr que ella apostatara por medio de las torturas, comenzaron a preguntarle si no se sentía avergonzada de estar allí desnuda. Ella les respondió: “Yo no me presenté aquí desnuda por mí misma. Ustedes que infligen esta miseria y desgracia sobre mí que soy inocente: sufrirán vergüenza eterna por haberlo hecho.” Y aunque fue torturada hasta tal punto que su sangre fluía sobre el potro, permaneció firme.

Después del tormento, estas tres mujeres fueron sentenciadas a morir en la hoguera. Parada en la estaca, ésta última dijo: “Esta es la hora que mucho he anhelado: pondrá fin a mi tribulación.”

Gerardo Hasenpoet, separado de su familia, 1556 d.C.

En el verano de 1556, hubo en la ciudad de Nimeguen, Países Bajos, un fiel hermano llamado Gerardo Hasenpoet, sastre de oficio. Habiendo huido de la ciudad debido a la severa persecución, secretamente volvió, ya que su esposa e hijos vivían aún allí. Él fue visto por el guardia del magistrado, el cual le informó a su señor. El magistrado inmediatamente fue tras él y lo capturó. De esta manera este amigo de Cristo tuvo que separarse de su esposa y sus hijos e ir a la prisión, a la tribulación y a la miseria por el nombre de Jesús.

Gerardo despreció el vino ofrecido por las autoridades, señalando con el dedo hacia arriba que lo bebería en el reino de su Padre. En tanto, su esposa lloraba sosteniendo a su bebé en los brazos, momentos antes de caer desmayada.


Mientras era examinado por los señores de este mundo, Gerardo no se avergonzó de la verdad que ellos creían que era herejía. Por tanto, fue sentenciado a morir quemado en la estaca, lo cual él lo aceptó valientemente. En el día de su muerte, la esposa de Gerardo vino para hablar con él por última vez y despedirse de su querido esposo. Ella tenía un bebé en sus brazos, que apenas podía sostener a causa de su gran dolor. Cuando las autoridades le ofrecieron vino a Gerardo, 19lo cual era costumbre hacer con los sentenciados a la muerte, él le dijo a su esposa: “Yo no deseo este vino. Yo espero beber del nuevo vino, que me será dado en el reino de mi Padre.” Así, ambos fueron separados en medio de gran dolor y se despidieron el uno al otro de este mundo. La mujer casi no podía sostenerse en pie por más tiempo: parecía desvanecerse por el dolor, y cayó desmayada.

Una vez que Gerardo fue llevado al lugar de su muerte, levantó su voz y canto un himno: “Padre celestial, a Ti clamo; fortalece mi fe ahora.” En la estaca, el tiró sus zapatos de sus pies, diciendo: “Sería una lástima quemarlos, pues algún pobre puede necesitarlos.” Y cantó la última estrofa del mismo himno mientras el verdugo preparaba las cuerdas para estrangularlo: “Hermanos y hermanas, adiós a todos. Ahora debemos separarnos para poder reunirnos más allá de estos cielos con Cristo, nuestra única cabeza. Los esperaré allí.” Entonces el verdugo lo sujetó con cuerdas, y este testigo de Cristo cayó dormido en el Señor; y luego, prendieron el fuego. Voluntariamente entregó su cuerpo por la verdad.



NOTAS:
18. Era el día de procesión, cuando el pan consagrado era llevado por las calles. Se esperaba que todos se arrodillaran ante el pan y lo adoraran como a Dios. La procesión era una exhibición del poder que tenía la Iglesia Católica. Las personas tenían que someterse a ese poder.
19. Según la costumbre, prepararon una copa grande con vino para Gerardo. Se suponía que esto era un acto de clemencia para amortiguar el dolor y aliviar el temor de la ejecución.

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