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Principios de interpretación

Cuando retiré el paquete de mi buzón de correos, yo sabía exactamente lo que contenía en él. Eran más resúmenes de la Compañía minera de servicios públicos de Texas. Un resumen es una compilación de todas las escrituras y otros documentos que afectan la cadena de títulos de una extensión particular de tierra. Me esperaba uno o dos días más de una pesada lectura. Sin embargo, cientos de miles de dólares dependerían de mis interpretaciones de las numerosas escrituras y de los demás documentos que contenían los resúmenes. Con tantas cosas en juego, yo no podía darme el lujo de adivinar acerca de las cosas. No, yo tenía que usar principios confiables de interpretación.

El primer principio de interpretación que hemos considerado es básicamente el sentido común: empezar con una mente en blanco. El segundo principio es también básico: empezar por el comienzo.

Yo siempre empiezo a examinar un título, leyendo primero el Patentado. El Patentado es el instrumento por medio del cual el gobierno transfiere por primera vez una tierra a un dueño privado. En Texas, esto usualmente quiere decir retroceder a los años anteriores a 1850: volver a menudo a los años cuando México poseía la tierra. Una vez que haya estudiado el Patentado, paso a examinar el título en adelante, leyendo cada escritura, contrato de arrendamiento, testamento, hipoteca y otros papeles que puedan afectar el título del terreno. Jamás se me ocurriría saltar hasta el siglo XX, cuando las escrituras comenzaron a ser escritas a máquina y empezar en ese punto.

Del mismo modo, al interpretar cualquier documento, sea una escritura o un testamento, siempre empiezo por el comienzo. Yo no salto hasta la mitad del documento, para luego empezar a leer.

Este mismo principio se aplica a la Biblia. Cuando buscamos las verdades del cristianismo mediante dicho principio, esto quiere decir que volvamos a las palabras de Jesús mismo. Este es un principio obvio. Sin embargo, aquí la mayoría de los cristianos evangélicos se desvían. Ellos comienzan con Pablo, no con Jesús. Muchos de los evangélicos prácticamente ignoran las enseñanzas de Jesús, afirmando que ellas se aplican a una dispensación más antigua o a la “época del reino.” Otros retocan las palabras de Jesús para encajarlas a los escritos de Pablo.

¡Cuán extraño! Jesús dijo: “El discípulo no es superior a su maestro.” (Lucas 6:40). Pero nosotros hacemos de Pablo, el discípulo, superior a Jesús, el Maestro. Hacemos de Jesús un subordinado de Pablo; entendemos las palabras de Jesús sólo en el contexto de los escritos de Pablo. A diferencia de tal actitud, los primeros cristianos entendieron a Pablo en el contexto de las enseñanzas de Jesús. El evangelio de los tales fue sobre todo el evangelio de Jesús.

Principio Nº 2 Empezar por el comienzo, con las enseñanzas de Jesús.

Nuestro método al revés para entender la Biblia no es una tradición muy antigua (no se origina con los primeros cristianos). Comenzó con Martín Lutero, el cual confirmó que el libro de Romanos es “la parte esencial del Nuevo Testamento.”6 Quizá nosotros no usamos las palabras exactas de Lutero, pero en la práctica seguimos sus pasos.

Sin embargo, el método lógico para entender la Biblia nos exige comenzar con el autor del cristianismo: Jesucristo; no con Pablo. En nuestro estudio ilustrado en cuanto a la salvación, dicho método lógico nos guía a comenzar con los cuatro evangelios.

El Instituto de leyes de América declara otro principio lógico que los abogados de documentos utilizan: “Donde el lenguaje tiene generalmente un significado predominante, será interpretado de acuerdo a dicho significado.”7 En otras palabras, comenzar dando a todas las palabras su significado ordinario y obvio.

Principio Nº 3 Al leer la Escritura, comienza dando a cada declaración su significado literal si es considerada sola.

Al aplicar este principio en nuestro estudio ilustrativo de la salvación, quiere decir que cuando leas a través de todo el Nuevo Testamento, otorga a cada versículo su significado literal y sencillo. En este punto, no te preocupes por armonizar con lo que dicen otros versículos. Eso vendrá más tarde.

Al mismo tiempo, es esencial que mires todo pasaje en el Nuevo Testamento que concierne a la salvación, o que pueda concernir a la salvación. Ninguna declaración en la Escritura fue pensada para mantenerse sola. Las declaraciones en una porción de la Escritura a menudo se entremezclan con declaraciones hechas en otra parte. Esto es cierto para todos los documentos escritos.

Por esta razón, el Instituto de leyes de América ha establecido el siguiente principio adicional: “Un escrito debe ser interpretado como un todo, y todos los escritos que son parte del mismo documento deben ser interpretados de manera conjunta.”8 Aplicando dicho principio en el contexto de la interpretación bíblica, tenemos:

Principio Nº 4 Observar toda declaración en la Escritura que se aplica o podría aplicarse al tema estudiado.

En resumen, no es suficiente dar simplemente a cada pasaje de la Biblia su significado más común y literal. Es de igual importancia considerar todos los pasajes que se relacionan o podrían relacionarse con el tema estudiado.

Armando las piezas

Ahora, repasemos los cuatro principios basados en el sentido común que hemos considerado hasta este punto:

1. Empezar con una mente en blanco.
2. Empezar por el comienzo, con las enseñanzas de Jesús.
3. Al leer la Escritura, dar a cada declaración su significado literal si es considerada sola.
4. Observar toda declaración en la Escritura que se aplica o podría aplicarse al tema estudiado.

Después de terminar este libro, te animo a seguir estos cuatro pasos para ver lo que realmente enseña la Biblia sobre la salvación. Yo hice lo mismo varios años atrás. Pero no te diré a qué conclusiones llegué. Quiero ver a qué conclusiones llegas tú mismo. Además, no deseo divagar, prolongando un estudio sobre un tema teológico importante.

Más bien, para ser breves, comencemos con un tema que el Nuevo Testamento tiene poco que decir: el velo de la mujer cristiana. En efecto, sólo un pasaje en el Nuevo Testamento trata de este tema: 1 Corintios 11:1-16. El velo es un tema ideal para nuestro estudio, porque nadie lo consideraría una de las doctrinas principales del cristianismo. Por lo tanto, seamos capaces para hablar abierta y honestamente acerca de ello sin desviarnos de nuestro tema principal: entender la Biblia.

Este tema es ideal por otra razón: pondrá a prueba nuestro método. Esto se debe a que 1 Corintios 11:1-16 contiene varias declaraciones ambiguas que los cristianos de la actualidad han interpretado de diferentes maneras. Leamos juntos este pasaje, teniendo en mente nuestros cuatro principios lógicos de interpretación.

Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué. Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. Juzgad ustedes mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello. Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. 1 Corintios 11:1-16

Ahora, estudiemos este pasaje a la luz de nuestros principios lógicos y veamos si todos nosotros podemos llegar al mismo entendimiento. A la luz de nuestro estudio de la verdad, recordemos primero que al interpretar este pasaje, de ningún modo cambiaremos lo que Dios está diciendo aquí. Lo que nosotros podamos entender, en ninguna manera alterará lo que Dios requiere de nosotros.

Nuestro primer principio de interpretación es comenzar con una mente en blanco. Pero no podemos hacer eso hasta que primero reconozcamos que tenemos entendimientos preconcebidos sobre el tema. Dependiendo a qué iglesia pertenezcas, podrías tener alguna de las ideas preconcebidas acerca de este pasaje:

1. Pablo está diciendo que los hombres no deben llevar un velo o una cubierta sobre sus cabezas mientras oran o profetizan; pero las mujeres sí debes llevar un velo u otra cubierta mientras oran o profetizan.
2. Pablo está diciendo que las mujeres no deben cortar su cabello, porque su cabello largo les sirve de velo mientras ellas oran o profetizan.
3. Pablo está ordenando a las hermanas llevar un velo para que se diferencien de las prostitutas, ya que las prostitutas en Corinto no llevaban velos. Y puesto que es un asunto cultural, tales instrucciones ya no se aplican hoy en día.
4. Pablo está ordenando a cada hermana llevar cabello largo para no ser confundida con una sacerdotisa pagana, ya que las sacerdotisas paganas tenían por costumbre raparse el cabello o llevarlo muy corto. Otra vez, estas instrucciones no se aplican hoy.

También podrías tener algunos otros entendimientos preconcebidos sobre este pasaje. Pero cualquiera que sea, te voy a pedir que temporalmente los pongas a un lado. No te pido esto porque sea necesariamente incorrecto lo que tú creas de este pasaje. Pues ni siquiera sé lo que crees al respecto. Pero sé muy bien que hay conflictos en las interpretaciones de este pasaje, y no todas pueden ser correctas.

Ahora, habiendo puesto a un lado temporalmente todos tus puntos de vista, el siguiente paso es leer otra vez el pasaje lentamente, versículo por versículo. Empieza por el comienzo,9 y mientras leas cada verso, pregúntate: “Si yo no supiera nada, ¿probablemente qué pensaría de lo que está diciendo este versículo?”

Es de gran importancia que en este punto no intentes armonizar cada versículo con otros, ni en este pasaje ni en otro. Eso vendrá después. En este punto lo más importante es escuchar lo que cada versículo dice individualmente. Estamos buscando el significado literal de cada versículo, si dicho versículo se mantiene solo. El todo es la suma de las partes. Y no podemos llegar al todo, si ignoramos una de sus partes.

Si hubiera otra porción en el Nuevo Testamento que tratase este tema, iríamos allí y seguiríamos el mismo procedimiento. No obstante, este es el único lugar en el Nuevo Testamento que trata sobre el velo. Finalmente, el último paso es darle su significado literal a todos estos versículos individuales de manera conjunta. Te animo a tomar un tiempo para esto.

¿Funciona nuestro método?

¿A qué conclusiones has llegado? Mi suposición es: al mismo lugar donde empezaste. ¿Por qué? Porque los cuatro principios que hemos considerado no son suficientes para resolver un pasaje dificultoso. Dicho pasaje contiene varias declaraciones ambiguas. Es decir, aquellas pueden ser entendidas de varias maneras. En el momento que intentamos armonizar nuestras lecturas literales de cada versículo, simplemente volvemos a nuestras concepciones. Después de todo, nuestras mentes no son como las pizarras: la mayoría de nosotros no puede borrar algo de la mente una vez que ha sido incrustado allí. En verdad, nuestros puntos de vista preconcebidos no se moverán de allí hasta que algo los reemplace.

Enfoquémonos por un momento en las ambigüedades del pasaje tratado. El versículo 5 claramente declara que una mujer afrenta su cabeza cuando ora con su cabeza descubierta. Pero el versículo 15 dice que “porque en lugar de velo le es dado el cabello.” ¿Significa esto que su cabello sirve como un velo referido en el versículo 5? Algunas personas dicen que sí; otras, no.

Otras partes de este mismo pasaje son igualmente oscuras: ¿Qué quiso decir Pablo en el versículo 16: “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.”? ¿Estaba diciendo Pablo que las iglesias de Dios no tenían otra costumbre que las mujeres cubrieran sus cabezas? ¿O estaba diciendo que no tenían ninguna costumbre establecida?

Nuestros cuatro principios son insuficientes, porque no nos ayudan a resolver contradicciones y ambigüedades como éstas. Pero fue importante ir por este proceso para que apreciaras la necesidad de algunos otros principios de interpretación.

En realidad, la falta de claridad en este pasaje lo hace ideal para nuestro estudio. Dicho pasaje nos obliga a enfrentarnos con franqueza con una de las razones de por qué los cristianos que creen en la Biblia están tan divididos: muchos pasajes en la Escritura, quizá la mayoría, pueden ser interpretados de distintas maneras. No estoy diciendo que todas las diversas interpretaciones son correctas o plausibles, sino que los hombres siempre hallan varias formas de interpretar un gran número de pasajes bíblicos. Pero sólo una de esas interpretaciones es la correcta.

Que la Escritura sea a menudo ambigua, puede parecer bastante obvio, una observación de sentido común (¡lo cual es cierto!). Pero la falta de honestidad para reconocer este hecho es una de las principales razones por qué los cristianos tenemos tal atascamiento teológico. Nuestra negativa para admitir que gran parte de la Biblia puede ser interpretada de diferentes maneras, es uno de los obstáculos más grandes para la unidad del cristianismo.

Y únicamente después que reconozcamos este hecho, podremos comenzar a crear un progreso real hacia un entendimiento fiel de la Escritura. Déjame explicarte.

Notas
6. Martín Lutero, Obras de Martín Lutero, editado por Henry Eyster Jacobs, vol. 6. Grand Rapids: Baker Book House, 1982, p. 447.
7. Restatement of the law, contracts (2 ed.), St. Paul: American Institute Publishers, 1973, p. 510.
8Ibid.
9. En este caso no podemos empezar con los cuatro evangelios porque ninguno de ellos toca este tema.

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