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Una decisión difícil

Las opciones que nos dejan no son fáciles. Por un lado, podemos ignorar la evidencia histórica. Si hacemos eso, continuaremos despedazando el cuerpo de Cristo, entristeciendo aún más el corazón de Cristo.

Por otro lado, podemos dejar a un lado nuestro orgullo denominacional, y admitir que como iglesia, los protestantes evangélicos hemos errado terriblemente. Hemos anunciado con trompetas el lema “Sola Scriptura;” y sin embargo, no hemos sido fieles a nuestro lema. En lugar de volver “sólo a la Biblia,” hemos añadido nuestras tradiciones denominacionales a la Escritura.

Las iglesias que nacieron a partir de la Reforma han sido semejantes al proverbio de Humpty Dumpty72, que no pudo ser restaurada otra vez.

Los protestantes nunca han podido existir juntos como un cuerpo unido. De hecho, unos cientos de años atrás, ellos encarcelaban, torturaban y ahorcaban a otros protestantes tales como los anabaptistas, los hermanos, los cuáqueros y los evangélicos disidentes.

Por nuestra gran educación y sabiduría, muchos de nosotros despreciamos las enseñanzas y prácticas de la iglesia primitiva. Pero quizá sería mejor escuchar lo que Ireneo les dijo a los gnósticos de su tiempo. Puesto que su descripción de las sectas gnósticas suena curiosamente similar a la de las denominaciones protestantes:

A pesar que son muchos, se alejan el uno del otro, sosteniendo muchas opiniones diferentes en cuanto a un solo tema; y ellos mismos llevan en secreto sus ideas inteligentes. Por tanto, hasta que no hayan llegado a un acuerdo entre ellos en cuanto a las cosas escritas de antemano en las Escrituras, seguiremos refutándolos. Además de sostener creencias erróneas, se condenan así mismos de cualquier manera; pues no están de acuerdo con respecto a las mismas cosas. Al contrario, nosotros seguimos al único Dios verdadero como nuestro Maestro. Poseemos sus palabras como la regla de la verdad. Y todos hablamos igual con respecto a las mismas cosas.73

Rápidamente corregimos los “errores” teológicos de los primeros cristianos; sin embargo, somos nosotros quienes necesitamos aprender de ellos. Cuando nosotros demostremos que somos capaces de ser uno otra vez, quizá entonces podamos instruirlos. Hasta entonces, lo que necesitamos es un arrepentimiento sincero por nuestro espíritu sectario. Si la iglesia de Corinto no podía unirse para participar de la cena del Señor debido a sus conflictos, ¿serán nuestras cenas aceptables a Dios? Pablo reprendió a los corintios por sus divisiones, diciendo: “Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis como hombres?” (1 Cor. 3:3 la cursiva es mía). Quizá eso es lo que somos: hombres y mujeres carnales que necesitan una reprensión piadosa.

Mi decisión

Te diré cuál fue mi decisión. Como lo mencioné, al principio luchaba con amargura contra las cosas que encontraba en el registro histórico de la iglesia. Pero luego, cuando me di cuenta de cuán estrictamente bíblico era su cristianismo, me rendí. Yo sabía que debía ser uno con ellos. Compartí estas cosas con mi familia y oramos por ello, y juntos hicimos un compromiso para cambiar nuestras vidas.

Era la única decisión que tomar. Como abogado, yo sabía cómo debía ver los escritos de los apóstoles si éstos hubiesen sido contratos o escrituras. Sin duda, habría visto el “curso de acción” en los escritos del segundo siglo. Era lo más lógico que se podría hacer.

Cuando la vida eterna y mi relación con Dios estaban en peligro, ¿podría ser menos honesto? ¿Todavía no necesitaba mirar el “curso de acción”? Y una vez que leí las Escrituras a través de los ojos de la iglesia primitiva, nunca más quise leerlas por medio de mis lentes coloreados del siglo veinte.

Me di cuenta que una de dos cosas había sucedido o iba a suceder: o los primeros cristianos habían despertado bruscamente después de su muerte y se dieron cuenta de cuán apóstatas habían sido ellos, o yo iba a despertar bruscamente después de mi muerte y darme cuenta de cuán apóstata había sido yo. Lo último parece ser el hecho más probable. Por tanto, decidí más bien despertar bruscamente ahora. Así hizo mi familia.

Eso no quiere decir que nuestro estilo de vida y nuestros puntos de vista hayan cambiado de la noche a la mañana. Nos tomó varios años eliminar nuestro antiguo modo de pensar. Y aún tenemos un largo camino que ir. Pero nos comprometimos a realizar estos cambios juntamente con mi familia. Algunas personas nos han criticado por cambiar tan lentamente; otros piensan que somos extremistas. Sin embargo, la única opinión que nos importa es la de Dios.

¿Cuál será tu decisión?

Pero ahora la decisión es tuya. ¿Qué harás? El camino más fácil sería ignorar este libro y olvidar que los primeros cristianos existieron. Y sería aún más fácil volver a la comodidad de tu denominación, seguramente protegida por sus seminarios y su literatura teológica.

O quizá te satisfarás encontrando huecos o imperfecciones en este método basado en el sentido común para entender las Escrituras. Obviamente no es un sistema perfecto. Winston Churchill una vez dijo: “La democracia es la peor forma de gobierno, pero superior a todas aquellas otras formas que han sido probadas.”74 Lo mismo se podría decir de mi método basado en el sentido común. Es el peor sistema que existe, pero superior a todo el resto.

El mejor método sería preguntar a los mismos escritores de la Biblia y pedirles explicaciones de lo que escribieron. Pero esa opción no es posible. El segundo mejor método sería preguntar a las congregaciones del Nuevo Testamento qué quisieron decir los apóstoles. Pero esa opción tampoco es posible. El tercer mejor método sería preguntar a la próxima generación de cristianos. Esa opción sí es posible. Es el tercer método, pero es lo mejor que tenemos.

Soy consciente de haber tratado algunos puntos en este libro que causó un disturbio en mis lectores. Estas mismas cosas me desconcertaron a mí en el principio. Sin embargo, he compartido estas cosas dolorosas contigo sólo porque deseo algo maravilloso para ti y para toda la iglesia.

Si has decidido ignorar este libro

Si ya has decidido rechazar este método para entender la Escritura, quiero preguntarte: ¿Cuál es tu solución? ¿Qué método de interpretación propones tú que nos pueda reunir a todos como un solo cuerpo que ama a Dios y cree en la Biblia?

Por favor no digas: “Bueno, si todos se guiaran solamente por la Biblia, todos podríamos ser uno.” Ya hemos hablado de ello con mucho detalle. Ése fue el plan A. Es lo que hicieron los reformadores. Y eso es lo que millones de cristianos han estado probando desde entonces. El plan A no ha funcionado, pues no hemos sido capaces de llegar a un acuerdo en cuanto a lo que enseña la Biblia.

Si el plan A hubiese funcionado, no habría tenido la molestia de escribir este libro. Pero ya que no funcionó, tenemos que probar el plan B: el método del “sentido común.” Pero si no estás dispuesto a probar el plan B, permíteme preguntarte otra vez: ¿Cuál es tu plan?

Pues, si tú y yo no estamos trabajando para dar solución a las divisiones del cuerpo de Cristo, somos parte del problema. No podemos pretender ser inocentes frente a Jesús y decir: “No era culpa nuestra que tu cuerpo estaba tan dividido. No hubo nada que podíamos hacer.” Sí hay algo que podemos hacer: podemos intentar el plan B. O si alguien tiene un mejor plan, puede darnos a conocer a todos para poder probarlo.

Todos alguna vez tuvimos mentes abiertas

En algún momento, todos nosotros tuvimos una mente abierta para oír la verdad de Dios: cuando fuimos niños o cuando nos convertimos de vidas impías al cristianismo, o quizá cuando nos desilusionamos del grupo en el cual pertenecíamos. O en cualquier otro momento, nuestras mentes alguna vez estuvieron verdaderamente abiertas para oír lo que Dios tenía que decir.

Pero cuando nuestras mentes estuvieron abiertas, ¿alguien tuvo la molestia de explicarnos qué cosas creían los primeros cristianos? ¿Fueron alguna vez presentadas sus creencias y prácticas frente a nosotros, como un camino alternativo a seguir? A mí nadie me dio esa oportunidad. Y es probable que nadie te la dé a ti.

Por consiguiente, nuestros sistemas de creencias han sido formados sin que se nos diera la oportunidad de probar el cristianismo histórico. Desafortunadamente, ahora ya están establecidos nuestros sistemas de creencias, y en consecuencia, para nosotros es dificultoso mirar objetivamente el cristianismo primitivo. Sin embargo, tenemos la responsabilidad de echar por lo menos una mirada honesta y objetiva. Nosotros merecemos ver cómo era el cristianismo en sus primeros años.

Sobre las ratas blancas y los hombres

En la universidad, nuestro profesor de ciencia cierta vez nos contó de un experimento con ratas blancas. El objetivo del experimento era proveer evidencia adicional para demostrar que los niños que sufren abusos o son necesitados emocionalmente, no aprenden tan rápidamente como los niños mejor privilegiados. Las investigaciones quisieron demostrar ese principio usando grupos de ratas blancas.

Los investigadores alimentaban con la mano a las ratas del grupo A y las acariciaban varias veces durante el día e incluso hablaban amablemente con ellas. Al contrario, no tenían contacto personal con las ratas del grupo B. Aquellas habían sido tiradas en una jaula y eran alimentadas a través de una puerta corrediza. Aproximadamente un mes después del mismo trato, era tiempo de ver cuán rápidamente los dos grupos de ratas aprenderían su camino a través de un laberinto.

Por tanto, los investigadores llamaron a un grupo de estudiantes de ciencia de la universidad. Ellos presentaron a los estudiantes los dos grupos de ratas y les explicaron las diferencias en el trato. Ellos les enseñaron las series de pruebas que los estudiantes someterían a las ratas. Entonces, los estudiantes comenzaron solos a conducir el experimento. Nadie se sorprendió que los estudiantes llegaran a la conclusión que las ratas del grupo A aprendieran más rápidamente que las ratas “maltratadas” del grupo B.

Pero luego vino la gran respuesta: todo el experimento era un engaño. Nunca existió dos grupos de ratas. Al contrario, hasta el día de la prueba del laberinto, todas las ratas habían permanecido juntas. Todas ellas habían recibido el mismo trato. Habían sido separadas en los grupos A y B sólo momentos antes que llegaran los estudiantes.

¿Por qué entonces los experimentos demostraron que el grupo A aprendió más rápido? Porque los estudiantes permitieron que sus prejuicios afectaran sus observaciones de las ratas. El verdadero experimento consistía en demostrar el efecto de las nociones preconcebidas. Y fue bien demostrado.

Del mismo modo que aquellos estudiantes, tú sólo estarás perdiendo tu tiempo si lees los escritos de la iglesia primitiva por medio de los lentes coloreados de tus nociones teológicas preconcebidas. Tus prejuicios le darán color a todo lo que leas. Por tanto, antes de leer, es esencial que pongas temporalmente todas tus creencias a un lado. Luego, solamente escucha lo que tiene que decir el registro histórico. Deja que tu mente retroceda al primer y segundo siglos. Respira en la cultura y en los patrones de razonamiento de aquel tiempo.

Cuando leas, recuerda que estos escritos no son un tipo de un “segundo canon.” Los puntos de vista personales y la idiosincrasia de cada escritor no es particularmente importante. Tu búsqueda será averiguar cuál era el entendimiento general de la iglesia primitiva en cuanto al Nuevo Testamento. En otras palabras, ¿cuál era el “curso de acción” de las primeras generaciones de cristianos?

Después que hayas leído lo suficiente de sus escritos y adquirido un buen sentimiento por su cultura, mentalidad y la totalidad de sus creencias cristianas, vuelve y lee otra vez el Nuevo Testamento. Léelo a través del patrón de pensamiento de los primeros cristianos. Descubrirás muchas cosas nuevas. Una vez que hayas terminado todo, si gustas, eres libre para volver y recoger todas tus antiguas creencias.

Pero quizá nunca lo harás.

Notas:
72. Según la canción infantil inglés, Humpty Dumpty es un hombre con el cuerpo de huevo. El canto dice así: “Humpty Dumpty se sentó sobre un muro. Humpty Dumpty sufrió una gran caída. Y ni todos los caballos del rey, ni todos los hombres del rey pudieron restaurar a Humpty Dumpty.”
73. Ireneo, Contra los herejes 4.35.4
74. Winston Churchill, Winston Churchill: His Complete Speeches, 1897-1963, ed. Robert Rhodes James, vol. 7 (1974), p. 7566.

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